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  • ESCENA
  • Luis, Piedrahita, humor bueno
  • Por Paloma F. Fidalgo · Fotografía por Diego Martínez

Lleva seis años en cartel de los Cines Callao, tomándose la vida a risa con monólogos que piensan nuestro lenguaje y nuestras cosas de andar por casa. Y allí mismo estrena el 4 de octubre Es mi palabra contra la mía, donde nos desdobla y se pregunta por qué no hay manera de que nos contentemos con lo que somos.

¿Suele usted llevarse la contraria a sí mismo? Continuamente. Me enzarzo en interminables discusiones conmigo mismo en las que nunca tengo razón. Siempre que hay una confrontación o un debate tendemos a pensar “mira lo que está diciendo este imbécil” y a mi encanta contemplar la posibilidad de que ese imbécil sea yo. Dicen que en ocasiones es mejor estar callado y parecer tonto que abrir la boca y demostrarlo. Yo creo que no. Yo creo que cuando eres tonto lo mejor es dejarlo claro lo antes posible. Y yo no dejo escapar la posibilidad de convencerme a mí mismo de que soy un auténtico idiota.

Desde esa contradicción, ¿qué podemos recomendar para lograr un gobierno de coalición? Al decir que yo sea un auténtico imbécil no quiero que parezca que me estoy postulando a un cargo político. Nada más lejos de la realidad. Yo soy un imbécil aficionado y creo que esos temas hay que dejárselos a los profesionales.

¿Se lo pasa mejor escribiendo o interpretando sus guiones? Es una pregunta interesante y la respuesta es paradójica. A ver si sé explicarlo. Un amigo mío decía que a la gente no le gusta leer, a la gente le gusta haber leído. Creo que con la escritura pasa lo mismo. El proceso es afanoso, es cansado y es agotador, pero al final, cuando el texto está terminado, es muy gratificante. El proceso de escritura es maravilloso… cuando se termina. Con la representación de esos textos sobre el escenario pasa lo contrario. Sobre las tablas del escenario todo es divertidísimo y maravilloso. Encima de un escenario no te duele nada. Pero cuando finaliza la función… acabas molido. La escritura es agotadora en el proceso y se disfruta al acabar, la interpretación se disfruta durante el proceso y el cansancio llega cuando termina.

¿Es verdad que vivimos una censura de lo políticamente correcto? Es cierto que atravesamos una época de susceptibilidades. La gente está más sensible que el glande de Stendahl. No sé si te acuerdas, pero cuarenta años atrás hubo una época en la que no se podía hablar de nada. Luego vinieron años en los que se podía hablar de todo y ahora vivimos una época en la que parece que se puede hablar de todo, pero en realidad no se puede hablar de nada. Es un debate que surge a cada paso. Unos dicen que los límites del humor han de estar en el respeto, otros responden que la libertad de expresión es sagrada, enseguida salta otro con que todos tenemos derecho a ofendernos, después otro le rompe una silla en la espalda porque eso le ha ofendido… Yo opino que los límites del humor están en el talento del humorista. El humorista talentoso, así como el poeta, sabe qué temas ha de tratar y cómo ha de tratarlos para ofender solamente a aquellos que se lo merecen. El humor no puede ser inofensivo. El humor ha de ofender siempre, pero la ofensa ha de ser justa. Ha de ser una ofensa que mejore el mundo, no que lo empeore.

“VIVIMOS UNA ÉPOCA EN LA QUE PARECE QUE SE PUEDE HABLAR DE TODO, PERO EN REALIDAD NO SE PUEDE HABLAR DE NADA”. 

¿Lo cotidiano es su mayor fuente de inspiración? La vida y la realidad son la mejor fuente de inspiración. Por eso escapo del humor de actualidad y de las noticias de los periódicos. Prefiero hablar de lo que nos pasa a todos cada día desde hace siglos, de cómo nos enamoramos de la persona equivocada, de lo difícil que resulta mantener una promesa que nos hacemos a nosotros mismos, de la vergüenza ajena, del descontento, del miedo al váter ajeno y de cómo la risa alivia nuestra condición de mortales.

En el espectáculo habla de ese váter ajeno y de las cejas de las señoras mayores.cEl terror al váter ajeno es algo que me fascina. Es algo más potente y fatal que Rubens, Velázquez y el Greco juntos. Esa incapacidad para hacer de vientre fuera de casa, aunque te revienten las entrañas, es una de las grandes lacras de nuestra sociedad y un neodrama del primer mundo. Piensa que toda la belleza y la complejidad del arte claudica ante esa debilidad. Tú puedes estar en el museo del Prado rodeado de las grandes obras de arte de la humanidad que si tienes ganas de ir al váter… todo eso se desvanece. 

Dice usted que solo el humor hace la vida soportable. ¿Y la magia? La magia embellece la vida y hace que merezca la pena. El humor hace la vida llevadera. 

Es mi palabra contra la mía.Desde el 4 de octubre. Callao City Lights. callaocitylights.es

ESCENA: Luis Piedrahita, humor bueno